Tenemos que hablar: ventajas e inconvenientes de los clubs de lectura

Hasta hace unos años, relacionaba (como le ocurre todavía hoy a mucha gente) los clubs de lectura con reuniones de amas de casa estadounidenses de clase media-alta. Supongo que he visto muchas películas. Cuando los empecé a descubrir a mi alrededor, esa idea preconcebida fue cambiando.

Yo he participado en tres. Dos los dejé porque los libros que nos obligaban a leer (sí, nos los imponían) no me gustaban en absoluto y, como la media de edad era de 60 años, mis intereses no coincidían con los de mis compañeros. Ahora, formo parte de Cámara 451, destinado a un público joven, más acorde a mis intereses y en el que, entre todos, decidimos qué libro leer cada mes. La experiencia está siendo muy muy muy guay.

Así, ya sea online o presencial, participar en un club de lectura tiene sus ventajas y, como todo en esta vida (oooh), sus inconvenientes. Te cuento:

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Tenemos que hablar: Releer o no releer, esa es la cuestión

¿Team Edward o Team Jacob? ¿Tortilla de patatas con cebolla o sin cebolla? ¿Perros o gatos? ¿Coca-Cola o Pepsi? ¿Releer o no releer?

¡Ajá!, ¡esa es la cuestión!

El 17 de agosto (o sea, en poco más de una semana) se estrena en Netflix la adaptación de A todos los chicos de los que me enamoré, una novela de Jenny Han que leí hace tres años y me gustó bastante. Y con eso de que va a salir la peli y no me acuerdo mucho del libro, he empezado a releerlo.

Pero no es algo que haga a menudo. Releer, digo.

Y si no lo suelo hacer es por dos razones:

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