Lecturas de junio

Este año estoy intentando aportar variedad a mis lecturas (aunque, cuanto más leo, más me doy cuenta de que a mí lo que me va, sin duda, es la literatura juvenil, pero ese es otro tema) y se nota, una vez más, en el batiburrillo del mes de junio. Ocho libros muy diferentes entre sí, de géneros dispares.

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Las chicas, de Emma Cline (5)
Me costó avanzar con este libro y en algunos momentos incluso pensé en abandonarlo. Me ha resultado sórdido, desagradable, de eso que no me apetecía sentarme a leer. Tampoco me han gustado sus personajes, no he logrado conectar con ninguno ni entenderlos; ni siquiera la protagonista.

Y, aun así, continué por pura curiosidad morbosa, para saber qué había pasado exactamente aquella noche y las implicaciones del personaje principal.

El curioso mundo de Calpurnia Tate, de Jacqueline Kelly (8)
No me voy a enrollar porque ya hablé de él y de la primera parte en esta entrada. ¡Pero tenéis que leer los dos libros!

El castillo de cristal, de Jeannette Walls (5)
Bien escrito, ameno y entretenido, todo el rato pasan cosas, aunque muchas de ellas a veces sean desesperantes por culpa de los padres de la protagonista. (El comportamiento de ambos me ponía de los nervios y de mala leche; tan tan tan egoístas e irresponsables. Increíble).

También me alucinó la cantidad de veces que la niña/adolescente tuvo que soportar el acoso sexual por parte de familiares, jefes, vecinos… al que no se le daba ninguna importancia y más bien parecía algo «normal«, por ser ella mujer y, sobre todo, por ser hace décadas. Como si tuvieses que asumirlo y no quejarte; dejar que te sobasen y hacer contigo lo que esos hombres quisieran. Me indigna muchísimo.

Jeannette, la protagonista/autora menciona el libro Un árbol crece en Brooklyn por sus semejanzas con su vida, que ciertamente se le parece, aunque es más amable que El castillo de cristal. También me recuerda a Las cenizas de Ángela: familia muy muy pobre, padre alcohólico, bastantes penurias… Aunque en esos dos casos, al menos la madre parecía tener dos dedos de frente y se preocupaba por sus hijos. La de este libro es una egoísta sin conocimiento.

The DUFF, de Kody Keplinger (4)
Historia cliché sin nada que la haga original; más de lo mismo: chica que se considera feílla y gorda empieza a enrollarse con chico popular (que se lía con un montón de tías y parece que nada le importa pero, oh, bajo esa coraza, tiene un corazón de oro y vive atormentado por sus problemas familiares, blablablá). He leído un montón de veces esta misma historia.

No me ha gustado la trama, pero tampoco la manera en que está escrita: muy simple y facilona. Además, los diálogos son poco naturales y creíbles, y es algo que siempre tengo muy en cuenta. «¿Por qué diablos estoy aquí?», dice uno de los protagonistas, y utiliza esa expresión en varias ocasiones. ¿«Diablos»? ¿Qué adolescente habla así? Supongo que, en este caso, es problema de la traducción, pero, en general, cada palabra de los personajes es forzada y poco creíble. Qué le vamos a hacer, a mí me gusta que hablen mal, que suelten alguna palabrota, que pueda identificarme con sus comentarios. Y eso que dejé hace tiempo de ser adolescente.

Tampoco me ha gustado ni una pizca la imagen que transmite de las mujeres. La protagonista se califica a sí misma de feminista, pero se pasa todo el libro temiendo ser una «zorra» por acostarse con el tío que le gusta cuando le da la gana, sin ataduras, o llamando «golfas» o «putas» a otras por prácticamente la misma razón. Venga ya, que cada uno haga lo que le dé la gana, que estamos en 2017. Al final, la autora intenta arreglarlo, pero ella sola se mete en un jardín del que no logra salir. Al menos, a mí no me convence.

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Contigo hasta el final (#Kiss Me 4), de Elle Kennedy (7)
Como los tres libros anteriores de la saga, me tuvo muy muy entretenida. La manera de escribir de la autora es sencilla, natural y directa, y provoca que, de una sentada y casi sin darte cuenta, te leas medio libro.

Me gusta la naturalidad de las conversaciones y que pueda reconocerme en ellas; que haya palabrotas y expresiones que podríamos decir cualquiera de nosotros. Que describa una escena de sexo sin tapujos, igual que describe cualquier otra situación, que sea un elemento más de la narración. Que su personaje masculino, Tucker, sea sexy y, a la vez, muy cuqui.

Si le tengo que poner alguna pega a la saga es el pobre tratamiento de los personajes: tras cuatro libros, las diferencias entre los personajes masculinos protagonistas y los femeninos protagonistas se difuminan bastante, y tengo la sensación de que, en realidad, es el mismo chico y la misma chica quienes protagonizan la serie y no unos diferentes a cada novela.

Aun así, recomiendo los cuatro libros, sin duda.

Cada día, de David Levithan (7)
La idea desde un principio me pareció muy original y según iba leyendo, más. Además es que David Levithan escribe superbien y consigue que casi todas sus historias sean bastante entretenidas. Leer sus libros es casi una apuesta segura.

Testamento: Crónicas del fin III, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina (6)
Esta parte me resultó un poquiiito menos entretenida que las anteriores, quizá porque es más de transición entre una aventura y otra y no ocurren tantas cosas. Más bien nos encamina hacia Malparaíso (¡que estoy deseando conocer!).

La parte superpositiva de Testamento son sus nuevos personajes, que me han gustado un montón, y los detalles que descubrimos sobre la vida de Adra y la ciudad en la que vive.

Y, sobre todo, me sigue fascinando la manera de escribir de Gabriella Campbell y J. A. Cotrina: su ingenio y sus ocurrencias y su originalidad *aplausos*

Una pizca de poder, una pizca de oscuridad, una gran pizca de miedo: así se creó el tirano perfecto.

«Adra, mi preciosa Adra —dijo la última vez, con ese tono meloso tan suyo—, ¿el mundo se desmorona y tú quieres que me ponga a arreglar puertas? Anda, no me jodas y disfruta del apocalipsis».

Testamento era una ciudad extraña, de personalidades múltiples: amable y al mismo tiempo insensata; a veces cruel. Adra consideraba que era un reflejo fiel del hombre que la gobernaba.

Frankenstein, de Mary Shelley (4)
No me convenció demasiado. En su momento, quizá el libro dio miedo, pero a mí más bien me cansó. Las reflexiones del protagonista, Frankenstein, me resultaron muy repetitivas; todo el rato son las mismas: «Qué desgraciado soy, ¡me arrepiento tanto de haber creado a ese monstruo!». Después ve un paisaje bonito, se le «cura el alma» durante un tiempo y vuelve a la carga. Una y otra y otra vez durante casi 300 páginas.

Además, la historia en sí se aleja bastante de la idea que tenía en la cabeza. A lo largo de los años, yo solita me había montado mi propia «película» y dista mucho de la original. Para empezar, pensaba que Frankenstein era la criatura y no la persona que la crea. Ups.

Como curiosidad, la autora utiliza el recurso de que alguien cuente la historia. Primero lo hace Robert Walton a través de su diario; después, este a su hermana por carta; a su vez, Frankenstein le narra su vida a Walton y, dentro de este relato, la criatura cuenta sus andanzas al propio Frankenstein. Una historia dentro de otra y esta dentro de otra, y así. #inception

Vamos, que por más que lo intento, los «clásicos» no me convencen.

· · ·

¿Habéis leído alguno de estos libros? ¿Qué os parecieron? Y, sobre todo, ¿qué habéis leído últimamente?

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2 comentarios en “Lecturas de junio

  1. ¡Hola! Coincido con la necesidad que tiene todo el mundo en leer los libros de Calpurnia Tate, que me parece que es el único que he leído de la lista, bueno y Frankenstein también, aunque me esperaba otra cosa de la historia. Supongo que como tú me había montado otra película en la cabeza y luego no me cuadraba la de verdad.

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  2. A mí Frankenstein me sorprendió mucho precisamente por eso, porque es completamente diferente a cómo me había imaginado la historia… No me convenció nada, pero, bueno, al menos me quito la espinita, que llevaba tiempo con ganas de leerlo 😛

    ¡Gracias por tu comentario!

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